Cueva del Humo

Ha recibido otras denominaciones como Cueva del Montijano y Raja del Humo (Sánchez, 1947 y Gálvez 1975). Es la cavidad mayor y que da nombre al complejo. Por lo comprobado hasta ahora tiene un relleno que oscila entre 3’70 y 4 m. de potencia, sin haber llegado aún a muro. Se realizó una campaña de excavaciones en 1942 en la parte de la entrada (Sánchez, 1947). Los materiales fueron revisados por Leiva Rojano y Ruiz González (Leiva y Ruiz, 1977). En 1983/4 se retranqueó el perfil este de esta excavación, apareciendo la estratigrafía de forma nítida, distinguiéndose tres unidades sedimentarias: La basal es una capa de sedimentos marinos carbonatados a una profundidad de entre 4’20-5’67 m. s. n. m. Entre sus gravas aparecieron dos cantos tallados. La segunda unidad se desarrolla, de abajo hacia arriba, desde los sedimentos marinos hasta una gruesa capa carbonatada que ostenta una irregularidad en el perfil (Ramos et al 1998 ) sobre la que se han vertido diversas interpretaciones, desde la huella de un posible poste hasta la sección de un paleo canal. Hará falta excavar la zona para poder pronunciarnos con más datos y precisión. La tercera unidad se desarrolla desde esta capa carbonatada hasta el techo, intercalándose entre sus tierras capas de espeleotemas que pueden evidenciar fluctuaciones climáticas, lo suficientemente cálidas como para permitir la precipitación en carbonatos las disoluciones calcáreas de las aguas infiltradas por el karst.

La secuencia que se vislumbra, tras las investigaciones de Sánchez Montes, la revisión de Leiva Rojano y los materiales rescatados por nosotros tras la criba de los escombros y el retranqueamientodel perfil este de la entrada es la siguiente: un posible paleolítico inferior (los dos cantos tallados aparecidos entre las gravas basales de la unidad I, un paquete estratigráfico del Paleolítico Medio (unidad II) y una posible existencia del Paleolítico superior (unidad III).

Ante la falta de evidencias claras hemos cuestionado hasta ahora la existencia de niveles postpaleolíticos. La fechaDe 21,300+/- 4,260 B. P. nos indica que la entrada actual en esa época estaba casi colmatada o colmatada totalmente. Quedaban como alternativa la entrada superior del Cantal, o a través del Abrigo 4 de gran dificultad ambas. Lo que puede significar que la ocupación postpaleolítica -de existir- debió de ser escasa y esporádica. No obstante, algunos restos pueden indicar un puntual uso postpaleolítico (un fragmento de cerámica y algunas semillas carbonizadas), cuestiones que habrá que comprobar en investigaciones sistemáticas.

Situación del Yacimiento

Está situado en la barriada de La Araña, al este de la ciudad de Málaga, a unos 200 m al oeste de la desembocadura del arroyo de Totalán, que sirve de límite entre los términos municipales de Málaga y Rincón de la Victoria. La Araña pertenece a Málaga, mientras que en la otra orilla de la desembocadura se encuentran las primeras casas de la barriada de La Cala del Moral, perteneciente al segundo de los municipios. Su boca, orientada hacia el sur, se halla a menos de 100 m de la costa, interponiéndose entra ambas la actual autovía 340. Sus coordenadas U.T.M. son 382.215/4.064.090.

Esta cavidad da nombre por extensión a todo el karst conocido por el “Complejo del Humo”. La actual denominación de la caverna fue puesta por J.M. Muñoz Gambero, por la gruesa capa de hollín que cubre el techo de la entrada, causada por las numerosas fogatas realizadas por sus ocupantes a través de los tiempos. Con denominaciones parecidas hemos oído referirse a ella a algunos lugareños mayores (“La Cueva negra” y “La Cueva del Hollín”), mientras que tenemos referencias de otro nombre más antiguo “Cueva del Montijano” (LEIVA ROJANO, J.A., 1977, pp 115), y aún otro que puede llevar a confusión, “Cueva del Higuerón” (GIMÉNEZ REYNA, S., 1946, pp 27).

En su interior no existen corrientes de aire acusadas, por lo que su ventilación es extremadamente lenta, como pudimos comprobar experimentalmente en 1984. Esta debió de ser una de las causas de que las lumbres se situaran a la entrada, evitando encender fuegos en el interior, que convertirían la atmósfera en un aire irrespirable, con el humo en suspensión durante largas horas.

La propia topografía de la cueva concentra en la entrada las mejores condiciones de habitabilidad, con una buena iluminación natural dada su orientación sur, mientras que la escasa altura del acceso le haría fácilmente taponable para defenderse de las inclemencias del tiempo. El acusado buzamiento norte-sur del desarrollo del cavernamiento favorece con las mejores condiciones el rellano de acceso, máximo si tenemos en cuenta que en el pasado existió una gran cornisa que prolongaba el espacio habitable varios metros sobre lo que hoy es cuneta de la vieja carretera nacional 340. A la derecha de la entrada de la caverna existe una sala (denominada Sala del Abrigo), mientras que a la izquierda se extiende la “Sala de Navarro”. Ambos espacios reúnen unas buenas condiciones de habitabilidad, aunque son lugares recatados, con escasa luminosidad, que favorecerían un uso para actividades pasivas, mientras que las actividades más dinámicas debieron de realizarse alrededor de la boca de la cueva y bajo la gran paleocornisa que protegía todo el Abrigo 3, algunos de cuyos restos aún permanecen al lado del farallón calizo en forma de grandes rocas. Son usos que se contemplan cuando se realiza un análisis comparativo de los restos que dejaron sobre el suelo los grupos humanos que aquí habitaron. Mientras los sedimentos del Abrigo 3 ofrecen un abundantísimo muestrario arqueológico, con restos de talla, fuego y cocina, en el interior de la caverna los restos de estas actividades son escasos, como muestran los perfiles del vaciado artificial de la entrada, en donde es difícil ver a simple vista algún vestigio arqueológico en los varios metros que tienen de potencia.

La superficie actual de la caverna, en su parte central, es un caos de bloques de varias toneladas, desprendidos del techo, por lo que resulta muy difícil imaginar el aspecto que pudiera tener la cueva en el pasado. A la izquierda de la entrada existe uno de estos bloques gigantescos a punto de desprenderse, lo que nos da una explicación casi visual de la forma en que se han ido depositando las grandes rocas que se ven en la superficie o las que afloran al perfil norte, inmersas en la estratigrafía.

En el pasado, especialmente en la época en que habitaba en ella el hombre de Neanderthal, varias bocas se abrían en el farallón calizo. En la actualidad estas bocas están todas colmatadas total o parcialmente, excepto la de la sala de mayores dimensiones que está protegida por una puerta metálica.

El desarrollo lineal del cavernamiento conocido hasta ahora lo componen unos 300 m de galerías estrechas y a menudo difícilmente transitables, con escasas o nulas posibilidades de habitabilidad, excepto la sala grande, con unos 40 m de largo y 20 m de ancho. A ella se accede por la actual puerta metálica, y es la única sala que hasta ahora ha aportado restos arqueológicos.

Los antecedentes en las investigaciones

Son escasos y en modo alguno reflejan el yacimiento que en realidad es. La primera noticia bien documentada la aporta J. Sánchez Montes en el II Congreso de Arqueología del SE español celebrando en Albacete en 1946, exponiendo los resultados de la excavación que realizó en 1942 en el cono de deyección de la entrada de la caverna (SANCHEZ MONTES, J., 1947). En el mismo año en que se celebró el congreso de Albacete aparece publicada la memoria de Giménez Reyna, en donde se refiere a la Cueva del Humo, que él denomina Cueva del Higuerón (GIMÉNEZ REYNA, S., 1946), haciendo uso de otra de las denominaciones que los viejos del lugar utilizaban para el yacimiento, hecho que a veces ha introducido confusión con la Cueva del Suizo o del Tesoro que también era denominada por este nombre, por el mismo motivo: en ambas crecía una higuera en su entrada.

Giménez Reyna menciona de forma general los perfiles visibles del lugar, refiriéndose probablemente a los sedimentos de la Cueva del Humo y de los Abrigos 3, 4, 5 y 6 del Complejo. Estratigráficamente les asigna una posición como “… pisos inferiores del Hoyo de la Mina y de la Cueva de la Victoria… ” (GIMÉNEZ REYNA, S., 1946, pp 27), cosa que era en parte cierta, aunque no supo calibrar la importancia de estos sedimentos, al decir que tenían “poco interés” (GIMÉNEZ REYNA, S., 1946, pp 27).

En 1965 la Comisaría Provincial de Excavaciones de Málaga realiza una actuación en los sedimentos del Abrigo 3, mencionando de pasada a la Cueva del Humo en la publicación que realizó como fruto de estos trabajos su director, Antonio Gálvez Pacheco (GALVES PACHECO, A., 1975).

Juan Antonio Leiva Rojano vuelve a ocuparse de los materiales de la Cueva del Humo en el XIV C.N.A. en un artículo general sobre el Paleolítico de Málaga, insinuando una posible industria auriñaciense del yacimiento (LEIVA ROJANO, J.A., 1977, pp 119), al igual que Sánchez Montes (SANCHEZ MONTES, J., 1947) y Gálvez Pacheco (GALVES PACHECO, A., 1975).

Aunque la caverna ha sido citada como yacimiento arqueológico por otras varias publicaciones, a partir de 1946, la poca relevancia de las citas nos ha hecho ignorarlas en el presente trabajo, por no aportar nada nuevo a lo ya conocido.

 

Las investigaciones a partir del 1980

En 1980 visitamos esta cavidad, al elaborar un informe sobre los yacimientos zonales. Pudimos contrastar a la entrada los trabajos de J. Sánchez Montes de 1942, que habían sido de grandes proporciones, presentándose como un gran vaciado artificial de los sedimentos. De la inspección visual que realizamos nos pareció que podía haber habido algunas extracciones posteriores a los trabajos de Sánchez Montes, ante lo irregular de los perfiles, que presentaban numerosas gateras y abultamientos, posiblemente llevados a cabo por expoliadores.

La sala del Abrigo presentaba también numerosas alteraciones sedimentarias de antiguas excavaciones, que ignoramos quienes las llevaron a cabo, ya que no hemos encontrado nada publicado sobre estas actividades y nuestras pesquisas sobre el tema han sido infructuosas. Su gran magnitud nos hizo sospechar que posiblemente fuesen trabajos realizados en varias épocas, algunas de ellas muy antiguas, ya que los montones de tierra se habían desparramado de nuevo, solapándose en gran parte de la sala con los sedimentos “in situ”. No nos extrañaría que trabajos tan meritorios sean debidos a buscadores de tesoros de fin de siglo pasado o comienzos de éste, dado el auge que en la zona tuvieron estas actividades en la época.

Nosotros, a pesar de las numerosas actividades realizadas en la caverna, no hemos llevado a cabo ninguna campaña de excavaciones propiamente dicha. Nuestra primera actividad en el yacimiento fue en 1983, mientras trabajábamos en las excavaciones del Abrigo 3 del Complejo del Humo, situado a la derecha del acceso de la cueva. Nos interesaba despejar la incógnita de sí los sedimentos bajos del Abrigo 3 se correspondían con los sedimentos bajos de la Cueva del Humo. Para llevar a cabo esta comprobación se retiraron algunos sedimentos modernos de la cuneta, realizando una zanja pegada al farallón de sedimentos “in situ” carbonatados, que había sido en parte soterrado por las tierras extendidas en el acondicionamiento de la antigua cuneta. Tras levantar las tierras de estas cuadrículas de forma metodológica – a pesar de ser escombros de la antigua carretera 340 – se comprobó que el farallón sedimentario, muy endurecido, continuaba en profundidad a lo largo de todo el Abrigo 3, pegado a la pared rocosa del Abrigo, e iba a parar en su lado oeste a la misma entrada de la caverna, enlazando con el perfil este de los trabajos de Sánchez Montes, que ofrecía un aspecto muy alterado, posiblemente por la acción de los expoliadores. Además de las irregularidades superficiales, el perfil este de la entrada de la Cueva del Humo se había recubierto por una espesa pátina de hongos que habían uniformado su superficie, haciendo imposible cualquier distinción estratigráfica precisa. Por este motivo, y dado que era la clave para poder correlacionar los sedimentos de la Cueva con los del Abrigo 3, decidimos regularizar su superficie en busca de concordancias estratigráficas. Gracias a estos trabajos se pudieron obtener valiosos datos estratigráficos del yacimiento. El primero de ellos fue el poder correlacionar los sedimentos de la Cueva del Humo y los del Abrigo 3, confirmándonos que “grosso modo” habían sufrido una deposición simultánea. El segundo dato importante fue la obtención de un perfil que además de indicarnos el buzamiento de los estratos de la caverna, nos ofreció una clara sucesión estratigráfica, mucho más definida que la que presentaba el irregular perfil norte que había dejado Sánchez Montes en 1942, alterado posiblemente por posteriores expoliadores. La regularización de este perfil este dio más datos estratigráficos que industriales, ya que apenas se realizó un raspado del mismo para quitar la pátina que había uniformado la coloración de los sedimentos, encontrándose cuatro piezas líticas y una concha de “pectem maximus” durante estas tareas. A pesar de los escasos sedimentos retirados, proporcionalmente son pobres en relación con los ricos depósitos del exterior, situados a lo largo del Abrigo 3.

En este perfilamiento de la entrada obtuvimos algunos datos sobre la profundidad de la trinchera que se adentraba desde el perfil este hacia la sala del Abrigo, dato que nos sería muy útil en la limpieza de esta trinchera realizada en 1984 y 1986. En estas dos campañas se terminó el cerramiento de la Cueva por parte de la Diputación Provincial de Málaga, y se limpiaron los escombros de la Sala del Abrigo y de la entrada, sometiéndolos a un cribado para recuperar los restos arqueológicos, de gran escasez numérica, compensada en parte por la recuperación de algunos tipos bien definidos.

Tras estas tareas el yacimiento quedó libre de escombros y basuras. Desgraciadamente en años sucesivos las barreras de protección – vallas y puertas metálicas – fueron violentadas, comenzando de nuevo los expolios, tanto en los perfiles de la entrada como en la zona norte de la Sala del Abrigo. Como consecuencia numerosos escombros se depositaron tanto en la entrada de la cueva como en la Sala del Abrigo. Durante el mes de diciembre de 1999 la Delegación de Provincial de Cultura de Málaga facilitó la limpieza de basuras y un desescombro parcial de la entrada, en donde los escombros habían alcanzado en algunos puntos más de 1 m de espesor, procedentes de los numerosos expolios del perfil norte. Durante la retirada de estas tierras pudimos apreciar que habían sido sometidas a un proceso de cribado, proceso que repetimos nosotros, recuperando escasos materiales.

En febrero del 2000 el Ayuntamiento de Málaga restauró las alambradas y puertas del Complejo del Humo, con lo que la caverna ha quedado una vez más cerrada. Entre la limpieza del 1983/4 y la realizada en 1999 se retiraron alrededor de una centenar de restos líticos, que son el objeto del presente estudio.

La cuestión estratigráfica

La regularización del perfil este de la entrada nos dio la clave del proceso de colmatación de la caverna y de su composición estratigráfica. El acusado buzamiento N=>S de su suelo y techo habían facilitado que los sedimentos de colmatación procedan del norte, con un ligero basculamiento hacia el oeste. Este hecho da una inclinación clara de los estratos basales hacia el sur, inclinación que se hace más acusada a medida que se profundiza en la columna sedimentaria y se acerca uno al primitivo suelo de la cueva. Por el contrario a medida que la colmatación se fue elevando en el pasado, los estratos van perdiendo inclinación y se van horizontalizando. Llega un momento en que la antigua entrada de la cueva se taponó por completo, impidiendo el drenaje de las aguas en época de lluvia, que se remansan, reduciéndose extraordinariamente la potencia mecánica de arrastre, al igual que la gravitacional, a medida que el suelo se iba horizontalizando. Las capas superiores en su evolución N=>S alcanzan la horizontalidad plena.

A nivel estratigráfico la columna sedimentaria se divide en dos claros bloques, separados por una capa carbonatada. El bloque basal ofrece un aspecto uniforme, sin apreciarse capas individualizadas en sus dos metros de grosor, de tierras rojizas con escaso acompañante lítico, sin haber llegado aún al muro del paquete. Al depositarse la parte cimera de este bloque, acontece un cambio climático, con un periodo más cálido que permite la suficiente evaporación como para que el carbonato cálcico realice su función cementadora, endureciendo extraordinariamente la superficie, con mayor penetración en el sur, y concretándose en espeleotemas en algunos tramos del norte.

Desde esta capa endurecida hacia arriba, hasta llegar al techo de la columna sedimentaria en el perfil este, se desarrolla el bloque estratigráfico cimero, compuesto por una alternancia de estratos de poca potencia y tierras rojas escasamente cementadas, con capillas endurecidas que a menudo han precipitado en finas láminas estalagmíticas, mostrando claramente los cambios climáticos que sufrió la zona, que lógicamente son repercusiones de los cambios climáticos que sufrió el planeta mientras se sedimentaba este paquete estratigráfico. Uno de estos espeleotemas fue datado en el exterior de la entrada, por J.J. Durán Valsero, del Instituto Geominero de España, dando una fecha de 21,300 ka ! 7%.

El acompañante lítico de este paquete sedimentario cimero es algo superior, en el perfil este, al del paquete basal, pero es una circunstancia que no refleja la realidad sedimentaria de la cueva. Para ver con claridad la naturaleza estratigráfica de este paquete hay que acudir al perfil norte de la entrada, que pese a su irregularidad presenta claramente grandes bloques de caliza desprendidos del techo, inmersos entre las tierras rojas y gran cantidad de fragmentos calizos de pequeño y mediano tamaño, con aristas agudas, que evidencian su escaso transporte.

El perfil norte ocupa una posición en donde los goteos de aguas calcáreas fueron débiles o nulos, por lo que sus tierras presentan un escaso endurecimiento, circunstancia que le ha hecho más vulnerable a los expolios. Pese a sus acusadas irregularidades y boquetes, su secuencia es más representativa de la columna sedimentaria general del Complejo del Humo que la que muestra el perfil este. En el perfil norte se ve a simple vista los dos grandes segmentos estratigráficos que componen la columna sedimentaria, el primero con grandes rocas y cascajo y el basal con escaso acompañante lítico. Esta disposición se repite tanto en el Abrigo 3 como en el 4.

 

Materiales recuperados en la Cueva del Humo

En los trabajos de limpieza y protección realizados en 1983, 1984, 1986 y 1999, se recuperaron 112 restos líticos y algunos huesos y malacofauna.

De todos ellos, solamente 8 tienen una ubicación estratigráfica precisa, 5 fueron retirados en el proceso de perfilamiento del perfil este, y 3 durante el desescombro parcial de la base del perfil norte. Aunque todos fueron retirados de sedimentos “in situ”, solamente 6 pueden ser adjudicados al bloque sedimentario basal o bloque II. Dos deben de tener una antigüedad mayor, ya que fueron retirados de los sedimentos marinos que se encuentran en la zona baja de este segmento estratigráfico basal. Guardaban aún su posición original, pero inmersos en un tramo sedimentario en estado de descomposición, que se había resquebrajado, a causa de la dureza de las antiguas carbonataciones que habían quedado expuestas al aire tras el vaciado de la entrada. Los útiles, dos cantos tallados unidireccionalmente, guardaban aún las adherencias de la carbonatación sobre sus filos, uno de ellos romo, que indicaban claramente que fue zarandeado por las olas cuando estas llegaban hasta el interior de la cueva, en una transgresión marina de más de 4 m sobre el nivel actual del mar. Tuvo que retirarse el mar para que comenzara de nuevo la regeneración sedimentaria de la cueva, con la deposición del bloque sedimentario basal. Ignoramos el tiempo transcurrido entre ambos hechos, pero sea cual fuere este periodo, los “choppers” ya estaban en el interior de la caverna antes de que comenzara a depositarse el segmento estratigráfico basal actual, tras la retirada de las aguas. Por lo tanto tienen una antigüedad mayor que el resto de las piezas rescatadas de los perfiles este y norte.

A nivel global, solamente las piezas procedentes del cribado de los escombros de la trinchera de la Sala del Abrigo, tienen una posición estratigráfica, aunque en sentido muy amplio. La parte más profunda de la trinchera llegaba hasta la capa carbonatada del perfil este, que separaba a ambos segmentos estratigráficos, por lo que todos los restos encontrados entre sus escombros pertenecen al segmento estratigráfico I. El techo de este segmento estratigráfico fue datado por J.J. Durán Valsero por E.R.S. en 5,720 ka, gracias a la capilla estalagmítica que lo sellaba en la Sala del Abrigo.

Los restos recuperados del cribado de los escombros de la entrada, al proceder de los expolios de los perfiles norte y este, pueden proceder tanto del segmento estratigráfico I como del II, y solamente las escasas piezas encontradas “in situ” se pueden asignar al segmento estratigráfico II

La misma indefinición estratigráfica que ofrecen los restos líticos, la sufren los hallazgos faunísticos, de los que solamente una pieza está contextualizada – un pectem maximus retirado del segmento estratigráfico I –, estando el resto en posición indefinida.

Por último hay que reseñar el hallazgo de un resto arqueológico novedoso para nosotros: un fragmento de cerámica fabricado a mano, encontrado entre los escombros retirados de la entrada en 1999. Es el primero que encontramos, y no estamos seguros de que provenga de los sedimentos de la caverna, ya que entre estos escombros encontramos restos de la infraestructura de la excavación realizada en 1983 en el Abrigo 3, arrastrados hasta la entrada de la cueva por las inundaciones que sufrió el karst en años pasados. Por lo novedoso del hallazgo creemos necesario señalarlo.

 

Posibles horizontes culturales de la Cueva del Humo

La escasez de materiales arqueológicos y su procedencia mayoritaria descontextualizada, junto con el gran paquete estratigráfico representado, desaconsejan el método estadístico como herramienta definidora de culturas, dando prioridad a la representación tipológica y técnica.

 

El segmento estratigráfico I

A él pertenecen la totalidad de las piezas recuperadas de la trinchera de la Sala del Abrigo, entre las que está aún representada la raedera, con técnicas de retalla propias del Paleolítico Medio, pero ejecutadas en algún caso sobre productos laminares de facturas un tanto arcaicas. La convivencia de útiles que recuerdan al Paleolítico Medio con otros que apuntan al Paleolítico Superior en las pautas extractivas de los productos secundarios, puede indicar que en la base de la trinchera de la Sala del Abrigo existe una etapa de la prehistoria de máximo interés, en torno a la capa carbonatada que separa a ambos segmentos estratigráficos. Probablemente se trate de las últimas manifestaciones del Paleolítico Medio o las primeras del Paleolítico Superior, posibilidad esta última que nos parece la más probable, en base a las escasas fechas obtenidas de algunas de las capas estalagmíticas, por J.J. Durán Valsero . El techo del segmento estratigráfico I estaba sellado en la Sala del Abrigo por una capa estalagmítica que dio una fecha de 5,720 ka ! 7%, que indica que la Cueva se siguió colmatando hasta el final del Neolítico Medio, mucho tiempo después de que la entrada principal se taponara. La siguiente fecha se obtuvo de un espeleotema del exterior de la entrada, correlacionable con alguna de las capillas estalagmíticas cimeras del perfil este, aunque no tengamos la seguridad absoluta de con cual de ellas se corresponde. La muestra dio en el laboratorio 21,300 ka ! 7%, y su ubicación estratigráfica muestra que la cueva ya estaba taponada en su entrada principal en esta época. La siguiente fecha del segmento estratigráfico I no se obtuvo directamente de los sedimentos de la Cueva del Humo, sino de una capa estalagmítica del Abrigo 3, correlacionable con la capa carbonatada que separa a ambos segmentos estratigráficos del perfil este. Dio en el laboratorio una fecha de 25,000 ka ! 7%, e indica un momento en que la entrada principal sufría por los goteos un acusado ambiente de humedad en época de lluvias y la altura de los sedimentos la habían casi taponado, por lo que sería un mero y difícil espacio de tránsito hacia el interior de la caverna, que ofrecía unas condiciones de habitabilidad más confortables, aunque con escasísima luminosidad. En un punto de esta capa carbonatada se aprecia una depresión que ha tenido diversas interpretaciones entre los miembros del equipo, desde la impronta de un poste de madera, hasta la huella de un canalillo de drenaje, interpretaciones que tendrían pocas posibilidades de verificación hasta que no se excave en extensión estos sedimentos del perfil este. La depresión está indicada con la letra “P” en la figura 4. Pero sea cual fuera la causa de esta depresión en la capa carbonatada, frontera entre los dos segmento estratigráfico, si la fecha que ha dado la muestra obtenida en el Abrigo 3 es exacta, y la correlación entre ambas capas es correcta – como parecen mostrar los sedimentos residuales del exterior – cualquier objeto que se encuentre por encima de esta capa endurecida hay que considerarlo de una cronología inferior a 25,000 ka ! 7%. Es una cronología que plantea algún problema con las reminiscencias musterienses que ofrecen algunas piezas de la trinchera de la Sala del Abrigo, paliadas en parte por su coexistencia con los avances de las técnicas laminares. Mayor armonía, con las primeras etapas del Paleolítico Superior, muestran algunos útiles recuperados de las tierras de la entrada, como puede ser un típico raspador carenado. Excepto estas connotaciones de arcaísmo, poco más se puede precisar de los útiles recuperados, no habiendo aparecido ninguno que muestre claramente etapas posteriores como el Solutrense, Magdaleniense o Epipaleolítico , y está aun por demostrar que la exigua presencia de cerámica no sea consecuencia de los arrastres producidos por las inundaciones que cada cierto tiempo sufre el karst. El testimonio de los perfiles de la entrada y de la Sala del Abrigo muestra a las capas superiores como acerámicas, y los restos recuperados del cribado de los escombros casi lo confirman, aunque es una cuestión que sólo se podrá verificar o refutar excavando en extensión los niveles cimeros.

 

El segmento estratigráfico II

Todas las tierras cribadas de este segmento proceden de la entrada. Aparecen algunos tipos típicos del Paleolítico Medio, como raederas, puntas levallois, punta triangular o musteriense, numerosas lascas, varios cantos tallados y algún que otro cuchillo de dorso natural muy similares a los encontrados en esta franja estratigráfica en el exterior o Abrigo 3. Uno de estos cuchillos – que por sus proporciones entra dentro de los productos laminares – es atípico y presenta un abatimiento del talón con técnicas que son similares a las de algunos raspadores auriñacienses. Es una pieza que fue retirada muy por debajo de la capa carbonatada del perfil este que sirve de frontera entra ambos segmentos estratigráficos. Visto en conjunto, el útil parece que sufrió un abatimiento del talón para una mejor adaptabilidad a la mano, y por lo tanto este abatimiento estaría en función de una más cómoda manejabilidad del cuchillo. Pero estos son conceptos de uso, que quedan fuera de los análisis tipológicos, y bajo los cuales tendríamos en esta pieza un típico raspador auriñaciense, además de un cuchillo de dorso natural. Si es realmente una pieza auriñaciense, su posición estratigráfica plantea varios problemas, ya que esta cultura comenzaría bastante por debajo de la capa carbonatada que actúa como frontera entre ambos segmento estratigráficos (I y II), y sería aún más inexplicable porqué por encima de esta capa carbonatada se siguen encontrando piezas de aspecto musteriense entre los escombros de la trinchera de la Sala del Abrigo, pertenecientes todos al segmento estratigráfico I. Son cuestiones que sólo se podrán despejar de forma precisa con una excavación sistemática en el yacimiento. Mientras esto no se produzca, y se despejen de manera inequívoca estas incógnitas, creemos que es prudente hacer caso a un gran número de datos que parecen indicar que esta capa carbonatada que separa a ambos segmentos estratigráficos puede tener también una significación cultural. De ella hacia arriba estaríamos entrando en el mundo del Paleolítico Superior, mientras que de ella hacia abajo estaríamos entrando en el mundo del Paleolítico Medio. Que distancia estratigráfica, en un sentido o en otro, es necesario recorrer para entrar en ambos mundos es una de las cuestiones que creemos necesario despejar con más apremio.

Independientemente de esta cuestión, que sólo puede solucionarse excavando, es seguro al menos que los niveles basales de este segmento estratigráfico II encierran un musteriense, en sentido amplio. Todos los datos que tenemos apuntan a esta cultura, incluidos los obtenidos en estratos correlacionables del Abrigo 3, en las excavaciones de 1983. Por lo tanto a estos niveles bajos deben de pertenecer parte de los productos musterienses encontrados entre los escombros de la entrada de la Cueva del Humo.

 

Conclusión

Si la caverna ya ofrecía un acceso poco cómodo hace 25,000 ka ! 7% y está taponada hace 21,300 ka ! 7%, es probable, que los horizontes culturales mejor representados en sus sedimentos, estén relacionados con las primeras etapas del Paleolítico Superior y muy especialmente con el Paleolítico Medio, durante el cual la cavidad tenía amplia entrada y unas buenas condiciones de habitabilidad, tanto espaciales como lumínicas.

Los materiales rescatados de sus escombros y los escasos retirados de sus perfiles, apuntan también en esta dirección. Entre ellos aparecen útiles claramente musterienses (raederas, puntas musterienses, puntas levallois, lascas levallois, cuchillos de dorso natural, etc.) y otros que pueden pertenecer a los inicios del Paleolítico Superior: raspadores carenados, algún buril múltiple y una clara tendencia al alargamiento de varios de sus productos secundarios, dando lugar en varios de ellos a láminas de tecnología muy arcaicas, casi siempre asociadas a métodos extractivos unipolares o bipolares, de antigua procedencia pero que tienen un resurgimiento firme en las primeras etapas del Paleolítico Superior, desembocando en técnicas más sofisticadas a lo largo de este periodo cultural, especialmente a partir del Magdaleniense.

Con los datos culturales que se desprenden de la industria lítica, y los que aportan las estratigrafías y cotas de colmatación del karst, con las escasas fechas obtenidas por J.J. Durán Valsero, se puede pensar que el archivo mejor representado en los sedimentos de la Cueva del Humo, guarda sobre todo horizontes musterienses y en menor medida de los comienzos del Paleolítico Superior. En este sentido estaría en lo cierto Gálvez Pacheco al asignar una industria musteriense a los niveles bajos del Abrigo 3, y un auriñaciense en torno a la capilla carbonatada (GALVES PACHECO, A., 1973, pp 166). Respondería también a lo que vio Leiva Rojano en la industria de la Cueva, al señalar un auriñaciense (LEIVA ROJANO, J.A., 1977) y anteriormente Sánchez Montes (SANCHEZ MONTES, J., 1947)

El resto de las industrias no están claramente representadas, incluidos los horizontes postpaleolíticos, hecho comprensible si tenemos en cuenta que la entrada de la cueva estaba taponada hace 21.300 años. Si hubo penetraciones posteriores debieron de ser por los difíciles vericuetos del Abrigo 4 que conectan con la cueva o bien por la entrada del techo del cantal, actualmente cegada. Ambas vías son muy difíciles, por lo que es de suponer que si hubo visitas a la cavidad debieron de ser muy esporádicas y escasas. Estas circunstancias abogan por que las posibilidades arqueológicas de la Cueva del Humo están sobre todo relacionadas con el musteriense y el auriñaciense, hecho que parecen confirmar los restos encontrados hasta ahora.

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